Esa noche, mientras copiaba un ejemplo sobre ajustes de inventario, Mariana imaginó al autor del cuaderno—un tal Elías—sentado en la misma mesa, quizá con la misma lámpara, corrigiendo errores, escribiendo con letra firme. Pensó en el gesto humilde de quien comparte su saber: quizá Elías lo había regalado en algún momento, escaneado y pasado en PDF a quien lo necesitara, o simplemente dejado para que otro estudiante lo encontrara y aprendiera.
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